jueves, 25 de noviembre de 2010

Querer de verdad.

Por Ursula Izquierdo

En mi columna anterior hablé del trabajo interior y de lo bien remunerado que puede llegar a ser si te lo tomas en serio, como lo que es, un trabajo. Pero emprenderlo no es fácil, ya que tenemos muchos estímulos que nos distraen y nos prometen felicidad y que en la mayoría de los casos no cumplen con lo prometido.

También les dije que para emprender este trabajo hay querer hacerlo, es obvio. Pero hay que querer hacerlo de verdad. Es como cuando dices: el lunes voy al gimnasio, eso puede ser este lunes o un lunes del 2012. No dudo que quieres ir al gimnasio y bajar esos rollitos. Pero la verdad, es que no lo quieres de verdad.

Voy a tratar de ejemplificarles la diferencia entre querer y querer de verdad a través de mi propia experiencia.
Yo quería hacer un trabajo interior fuerte hace mucho tiempo y les prometo que quería. ¿Pero porqué no lo hacía? ¿Qué tanto? Y la respuesta es miedo. Miedo de renunciar a todo lo que pensaba me daba seguridad y felicidad: trabajo, sueldo, ropa, viajes, comidas, carrete, etc. Ya hemos hablado de esto.

Tomar la decisión de renunciar a algo no es nada fácil. Estamos tan apegados a eso que creemos que es lo único que tenemos y podemos tener. Y eso no es verdad. Para mi de hecho fue tan difícil renunciar a todo lo que “tenía” material y emocionalmente, que decidí enfermarme como excusa. Y esa estrategia definitivamente no la recomiendo.

Por lo tanto, en mi opinión, la diferencia entre querer y querer de verdad está en renunciar a esas cosas que creemos que queremos pero que no queremos de verdad.

¿Y cómo podemos hacer esa diferencia? Primero pregúntale a tu mente qué es lo que quiere. Anota las respuestas (y asegúrate de sacarle harta punta al lápiz porque la mente siempre quiere muchas cosas). Luego pregúntale a tu corazón, alma, ser interno o como te guste llamarlo. Generalmente la respuesta es una o 2. Si son más, es porque tu cabeza está contestando.
Usa siempre tu corazón para saber lo que quieres, y tu cabeza para diseñar la estrategia de cómo lograrlo.

En la próxima columna les voy a contar cómo surge la crisis en el momento en que te das cuenta que ya no quieres lo que querías y empiezas a identificar lo que quieres de verdad. Y les voy a contar por qué le pueden decir: bienvenida crisis.

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