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viernes, 7 de enero de 2011

Bienvenida crisis

Por Úrsula Izquierdo

No me es fácil escribir esta columna. Llevo varias semanas tratando de hacerlo y de alguna manera le he estado haciendo el quite. Pero no porque no quiera, sino porque el tema es difícil, profundo, duro, denso.

Por otro lado sé que tengo que escribirla, porque si no sería como saltarme un capítulo de mi propia película.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Cuarentena

Por Ursula Izquierdo

Hasta hace un par de años la idea que yo tenía de la cuarentena en mi cabeza era seguramente la de muchos. Y era que antiguamente, para sanarse de alguna enfermedad, había que pasar 40 días en cama y aislado. Ya la palabra cuarentena para mi tenía olor a naftalina -esas pelotitas blancas que le ponían a la ropa para que no se la comieran las polillas-. Pero no es la misma imagen que tengo hoy de las cuarentenas.

Empecé mi primera cuarentena hace un año y medio más o menos. Y no la hice ni en cama ni aislada. Estaba en el peor momento, con una depresión post parto fuerte de la cual me estaba siendo muy difícil salir con las herramientas convencionales: sicólogo, siquiatra y un antidepresivo que no me hacía efecto.

En una de mis clases de Yoga escuché sobre la cuarentena de saludos al sol y los efectos que tenía. Entonces empecé ese mismo día. (El saludo al Sol es una secuencia de posturas que se practica mucho en varias corrientes de Yoga).

Hice 18 saludos al sol todos los días durante 40 días. No fue nada fácil hacerse el tiempo y el ánimo, pero lo hice. No me pregunten cómo ni porqué, pero 2 días después de terminar la cuarentena estaba renunciando a mi pega. Nada planeado, fue un efecto de la cuarentena.

Unos meses después inicié mi curso de Instructora de Yoga Infantil y me encontré con la sorpresa de que como requisito para convertirse en instructora debía hacer por lo menos una cuarentena. Por lo tanto hice una más, luego otra, y ahora estoy haciendo mi cuarta cuarentena.

La segunda cuarentena fue una secuencia de un sólo ejercicio que masajea los 3 primeros chakras. Se llama Sat Kriya. El resultado fue realmente increíble para mi –no creo que a los hombre les guste leer esta parte, pero bueno-. Hasta ese día nunca en mi vida había menstruado de manera natural, de hecho me operaban de quistes ováricos cada 2 años. Después de esta cuarentena no sólo comencé a menstruar, sino que empecé a hacerlo regularmente cada mes, y eso si que es un milagro. Quizás sueno un poco a LLAME YA! Pero la verdad es que fue así.

La tercera cuarentena sí fue dirigida. Necesitaba calmar un poco mi mente de tanto pensamiento e ideas y le pedí a mi instructora de Yoga que me diera una secuencia especial para eso y me dio un Pranayama. Los Pranayamas son ejercicios de respiración y ella me recomendó que hiciera uno para la mente neutral. También tuve buenos resultados.

La última cuarentena, en la que estoy hoy es para fortalecer el tercer chakra. Al trabajarlo fortalecemos nuestro carácter, nuestra voluntad y energía vital. Ya les contaré los beneficios de esta cuarentena cuando la termine.


Las cuarentenas modifican, mueven y transforman. Si practicamos algún hábito o disciplina todos los días durante 40 días, sucede un movimiento energético que nos lleva a un cambio.

Si quieren hacer algún tipo de cambio o transformación en cualquier aspecto de ustedes mismos, hacer una cuarentena podría ser una buena herramienta. No tiene que ser una secuencia de Yoga necesariamente, puede ser incorporar alguna dieta sana, hacer un ejercicio de respiración, o implementar un nuevo hábito (sano por supuesto). Lo importante es que tiene que hacerse durante 40 días. Y si se te olvida uno hay que comenzar de nuevo.

Al principio, hacer una cuarentena puede ser tan difícil y aburrido como lo fue para nuestros aislados ancestros, no lo niego. Pero una cuarentena puede ser el camino para hacer esa pequeña gran transformación que uno está buscando.

Suerte al que se anime.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Querer de verdad.

Por Ursula Izquierdo

En mi columna anterior hablé del trabajo interior y de lo bien remunerado que puede llegar a ser si te lo tomas en serio, como lo que es, un trabajo. Pero emprenderlo no es fácil, ya que tenemos muchos estímulos que nos distraen y nos prometen felicidad y que en la mayoría de los casos no cumplen con lo prometido.

También les dije que para emprender este trabajo hay querer hacerlo, es obvio. Pero hay que querer hacerlo de verdad. Es como cuando dices: el lunes voy al gimnasio, eso puede ser este lunes o un lunes del 2012. No dudo que quieres ir al gimnasio y bajar esos rollitos. Pero la verdad, es que no lo quieres de verdad.

Voy a tratar de ejemplificarles la diferencia entre querer y querer de verdad a través de mi propia experiencia.
Yo quería hacer un trabajo interior fuerte hace mucho tiempo y les prometo que quería. ¿Pero porqué no lo hacía? ¿Qué tanto? Y la respuesta es miedo. Miedo de renunciar a todo lo que pensaba me daba seguridad y felicidad: trabajo, sueldo, ropa, viajes, comidas, carrete, etc. Ya hemos hablado de esto.

Tomar la decisión de renunciar a algo no es nada fácil. Estamos tan apegados a eso que creemos que es lo único que tenemos y podemos tener. Y eso no es verdad. Para mi de hecho fue tan difícil renunciar a todo lo que “tenía” material y emocionalmente, que decidí enfermarme como excusa. Y esa estrategia definitivamente no la recomiendo.

Por lo tanto, en mi opinión, la diferencia entre querer y querer de verdad está en renunciar a esas cosas que creemos que queremos pero que no queremos de verdad.

¿Y cómo podemos hacer esa diferencia? Primero pregúntale a tu mente qué es lo que quiere. Anota las respuestas (y asegúrate de sacarle harta punta al lápiz porque la mente siempre quiere muchas cosas). Luego pregúntale a tu corazón, alma, ser interno o como te guste llamarlo. Generalmente la respuesta es una o 2. Si son más, es porque tu cabeza está contestando.
Usa siempre tu corazón para saber lo que quieres, y tu cabeza para diseñar la estrategia de cómo lograrlo.

En la próxima columna les voy a contar cómo surge la crisis en el momento en que te das cuenta que ya no quieres lo que querías y empiezas a identificar lo que quieres de verdad. Y les voy a contar por qué le pueden decir: bienvenida crisis.

viernes, 29 de octubre de 2010

El trabajo mejor remunerado es el trabajo interior

Por Úrsula Izquierdo

Como les he contado antes, trabajé durante 12 años en agencias de publicidad. A medida que fui avanzando en mi carrera, obviamente fui recibiendo más y mejores beneficios materiales: aumentos de sueldo, gratificaciones, cheques de almuerzo, seguro de salud complementario y alguno que otro viajecito. Como dije recién, fueron beneficios materiales y por supuesto estoy muy agradecida de ellos.

También sería ingrato decir que no recibí ningún otro tipo de retribución durante esos años: aprendí a relacionarme con mucha gente, a conocer y descubrir mis talentos creativos y crecí profesionalmente. Si no hubiera pasado por eso, hoy no sabría que lo mío es la comunicación y que me encanta crear.

Apenas dejé de trabajar, comencé inmediatamente a hacer otro tipo de trabajo, no remunerado económicamente pero que hasta ahora me ha dado más que beneficios. Y este ha sido el trabajo interior. Aunque lo había comenzado años antes, me había sido siempre muy difícil continuarlo y ahora entiendo porqué: simplemente no estaba preparada.

Llevo un año avocada a este trabajo interior, y cada vez entro en terrenos más recónditos y profundos, pero al mismo tiempo maravillosos. No se imaginen que este es un trabajo para hacer con un psicólogo, pues no tiene nada que ver con eso. He pasado por más de uno de sus divanes (por caricaturizar un poco la escena), pero ninguna terapia psicológica creo podría realmente hacer un trabajo tan liberador como este. Podemos llamarlo también como el proceso del despertar de la conciencia.











En este proceso comenzamos a tomar conciencia de qué: que somos seres espirituales viviendo una experiencia humana, que somos energía, que todos nacemos con el potencial para ser felices en esta vida, que estamos todos tan conectados que cada cosa que uno haga afecta directamente al otro y a TODOS…entre varias otras verdades más. Hoy son algunas de mis verdades ya que a través de la experiencia he podido entenderlas mejor.

Pero también debo decir que este trabajo puede ser muy duro y difícil sobre todo al principio. Hay muchas barreras y prejuicios que traspasar, hábitos que romper, emociones que soltar, mucho que perdonarse y perdonar. En fin, es un terreno difícil y escabroso, pero una vez que uno logra pasar esa etapa -que puede durar semanas, meses o años- el resto empieza a fluir en una armonía maravillosa. Claro que yo no he terminado mi trabajo ni mucho menos tengo un magíster en él. Este es un trabajo que no termina nunca.

Todos los caminos llegan a Roma. Cada quien tiene su propio camino y creo que es nuestra responsabilidad buscarlo. Nadie les puede decir qué camino deben tomar, mucho menos yo. Yo sólo les puedo contar las herramientas y técnicas que he utilizado para poder emprenderlo y avanzar en él.
Cuáles han sido estas herramientas y cómo he ido profundizando en cada una de ellas es lo que les voy a contar en la próxima columna. Por ahora les puedo decir que para comenzar este viaje necesitan una sola cosa:

Querer.

Pero querer de verdad.
Les prometo que lo único que van a obtener son ganancias.

viernes, 15 de octubre de 2010

Yoga: un camino de transformación

Por Úrsula Izquierdo

Úrsula antigua: Hola Úrsula. ¿Me gustaría saber cómo empezaste con el Yoga?

Úrsula nueva: Como conté en la columna anterior, mi primer acercamiento fue a través de mi abuela, quien fue instructora de Yoga durante 40 años. Desde niña pude darme cuenta que el Yoga le hacía bien a las personas, que era sanador y transformador.

Úrsula antigua: ¿Y cuándo empezaste tú a practicar esta disciplina? Yo me acuerdo que comencé hace 12 años, pero no era constante con la práctica…

Úrsula nueva: Es verdad, tú comenzaste con el Yoga apenas empezaste a trabajar en publicidad. Te diste cuenta que necesitabas hacer algo paralelo que redujera un poco los niveles de estrés que tu pega implicaba, y elegiste el Yoga porque era una disciplina que hacía un trabajo tanto exterior como interior.

Úrsula antigua: Lo elegí intuitivamente. ¿Interior te refieres a emocional?

Úrsula nueva: A emocional, mental y espiritual. Todo eso está en nuestro interior, por lo menos así lo sentimos.

Úrsula antigua: ¿Y cómo has visto ese trabajo reflejado en ti? Tú siempre has sido tan sensible y emocional…

Úrsula nueva: Permíteme hacerte una pequeña corrección. Tú fuiste siempre muy emocional -por decirlo de alguna forma- no yo. Lo que pasa es que antes llevabas tus emociones hacia los polos, y eran siempre de gran intensidad. Siempre. Aunque la situación no lo ameritara. Eso no significa que hoy no tenga emociones, significa que ahora se expresan en la medida y en concordancia con la situación o el hecho que gatilla la emoción. Y el Yoga ayuda mucho en eso.

Úrsula antigua: ¿Me encontrabas alharaca?

Úrsula nueva: Un poco. Me parece que sobre reaccionabas muy fácilmente por cosas pequeñas. Y eso te trajo problemas: en las relaciones, en el trabajo, y sobre todo en la relación contigo misma…¿te acuerdas?

Úrsula antigua: Sí…

Úrsula nueva: Mis emociones fluyen con más armonía, y trato que jueguen a mi favor. A esto me refiero que cuando me invade una emoción (buena o mala), me permito sentirla y reflexionar de dónde viene y porqué apareció. Cuando digo de dónde viene obviamente no me refiero a la situación que la gatilló, sino a lo que hay detrás de esa situación: dolores, traumas, patrones, herencias, etc., que generalmente se repiten.

Úrsula antigua: ¿Y tu mente cómo está? Porque la mía no para.

Úrsula nueva: Mejor, un poco menos dispersa y más positiva, pero aún tengo mucho trabajo por hacer con ella.

Úrsula antigua: ¿Y tú espíritu?

Úrsula nueva: Muy tranquilo…la mayor parte del tiempo.

Úrsula antigua: Úrsula, gracias por compartir tu camino con todos nosotros.

Úrsula nueva: Gracias a ti. Sin ti no lo habría hecho.

Esta fue una entrevista hecha por la Úrsula de hace 10 años a la Úrsula actual.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Mamama Blanca

Por Ursula Izquierdo

Mi primera experiencia con el Yoga no fue hace 12 años cuando comencé mis prácticas. Mi primer acercamiento con el Yoga realmente fue cuando yo tenía unos 8 años y vivía en Perú.

Mi abuela materna se llama Blanca, y le decimos mamama Blanca. En Perú a las abuelas les decimos mamama cariñosamente. Bueno, mamama Blanca andaba siempre vestida entera de blanco porque era nada menos que instructora de Yoga Integral. Imagínense ver a fines de los 70 a una señora siempre vestida de blanco, dando clases de Yoga por aquí y por allá. A ella sí que la creíamos loca!

Tenía su salita en su propia casa y los alumnos llegaban para allá. La escuchábamos recitar algunos mantras y hacer respiraciones con sonidos raros que hasta el día de hoy imitamos en reuniones familiares. Era muy divertido! También la escuchábamos decir que ella no tocaba las plantas porque tenía mucha energía en las manos. Esa frase quedó para la historia. Quién iba a hablar de energía en un almuerzo dominical en los años 70 u 80's…Sólo la mamama Blanca!

Bueno, la mamama tenía en el closet de su pieza de Yoga muchísimos libros. Eran de Yoga, filosofía y metafísica, todos perfectamente guardados y cuidados. Nadie se atrevía a entrar y abrir ese closet -a nadie le interesaba tampoco- excepto a mi. Yo sentía una extraña atracción por ese misterioso closet y por toda la información que había allí adentro.

Por eso, cuando ella salía, yo me metía a hurgar en él. Era toda una aventura, estaba estrictamente prohibido entrar a su salita de Yoga. Me moría de miedo ser pillada y que en castigo me dieran 10 clases de Yoga haciendo sonidos extraños y locos. No, gracias.

Pero más que los libros de Yoga, me gustaba revisar los de filosofía, astrología y metafísica. Pero era muy frustrante…porque no entendía nada! Aún así entraba una y otra vez, siempre con la esperanza de entender algún día algo.
Yo veía que mi abuela era una especie de santa para sus alumnos. En ese entonces no se practicaba Yoga como hoy. Era más personalizado, por lo tanto mi abuela se terminaba convirtiendo en una especie de terapeuta de sus alumnos. Conocía todos sus problemas, les hacía masajes para quitarles las tensiones (era experta en eso), la llamaban a altas horas de la noche para pedirle consejos, etc. La querían mucho, siempre se la llevaban de viaje y le daban muchos regalos. Se notaba que algo muy bueno hacía mamama Blanca por los demás. Algo muy bueno hacía el Yoga por los demás.

Bueno, hoy terminé hablando más de mi mamama Blanca que de mi propia experiencia con el Yoga. Es lo menos que puedo hacer, dedicarle esta columna a mi primera Maestra de Yoga (aunque haya sido indirectamente) que se atrevió a andar de blanco por las calles de Lima vestida de Yogui, sin haber sido una hippie. Una abuela que aprendió a vivir a través de esta filosofía y que vimos pararse de cabeza hasta los 70 años.





Mamama Blanca hoy tiene 80 (eso dice al menos) y dejó de practicar aproximadamente hace 10 años. Está muy bien de salud. Un abrazo para ti mamama Yogui.

jueves, 16 de septiembre de 2010

¿Mad Men o Mad Women? (Segunda parte)

Por Ursula Izquierdo

Para mi existen 2 tipos de locura, la que te hace bien y la que te hace mal. Cualquier persona en su vida puede experimentar o haber experimentado ambos tipos de locura. Como yo.

La primera es la locura que te puede llegar a producir el trabajar durante más de 12 años en publicidad. No estoy diciendo que todas las personas que trabajan en publicidad estén locas, pero si eres de los más sensibles –mi caso- no es difícil entonces percibir toda la energía que esa profesión y ambiente emanan.

Imagínense, estamos vendiendo en el 90% de los casos una falsa felicidad. Decimos que vamos a ser mejores y más felices personas si adquirimos miles de productos y servicios que realmente no necesitamos. Ese mensaje, y trabajar en la creación de ese mensaje, ya genera cierto tipo de energía.

Esta energía no es la que precisamente está mas cerca de la Verdad. Y con Verdad me refiero a lo que realmente somos en esencia los seres humanos: amor y felicidad. Y eso se encuentra solamente dentro de nosotros. No en las grandes tiendas ni en las automotoras.

Como les conté antes, yo llevaba varios años emitiendo un mensaje que no está de acuerdo con mi esencia (ni la de nadie). En el fondo lo sabía, pero yo también caí en la trampa: compré todos los mensajes que yo misma creaba. “Con este MBA alcanzarás el éxito antes de los 30” “La verdadera independencia está en la casa de tus sueños” o “Sin estas zapatillas no la llevas”. (En fome, claro).

¡Cómo no me la iba a creer si yo misma lo inventaba!
Bueno, a eso sumémosle el estrés de los timings de entrega de cada campaña, las largas jornadas y la mala alimentación. Todo esto terminó en una depresión que fue gatillada cuando nació mi hija. O sea, tuve una depresión post parto del terror que duró nada menos que 2 años.

Pero tenía que salir de este estado de locura. Y para eso, elegí un camino que me ayudara a fortalecerme y a construir una nueva vida. Lo primero que hice fue renunciar a mi pega, carrera, profesión, sueldo, isapre, AFP etc. Todo lo que creía que me daba seguridad. Fue una decisión dificilísima.

Lo segundo fue agarrarme con uñas y dientes de un disciplina que llevaba 12 años practicando, pero que aún no se había convertido en mi gran herramienta de vida: el Yoga. Santa Yoga. Me sacó del estado de locura en el que estaba (la locura mala), para llevarme a mi nuevo estado de locura (la locura buena).

Por qué digo que el Yoga me llevó a un estado de locura. Porque ahora canto mantras y medito todas las noches antes de dormir y mi pareja me cree loca. Porque me hice seudo vegetariana (como sólo pescado) y todos mis amigos me miran con cara de loca cuando llego a un asado con mi pedazo de salmón. Porque no celebro el 18 con alcohol igual que los demás, porque evito que mi hija tome antibióticos, use inhalador, vea mucha tele y vaya al Mc Donalds, porque no quiero que su abuela le dé tantas galletas ni tampoco le regalen tantos juguetes de plástico. Por todo eso y mucho más, más del alguno me cree loca. Más aún cuando empiezo a hablar de nuestro ser interno y de lo importante que es cultivarlo, lo necesario que es tratar sanamente nuestro cuerpo y empezar a entrenar la mente para que ésta sea la que esté al servicio del alma y no al revés.

Pero les digo algo, nunca en mi vida me había sentido mejor que sufriendo de este tipo de locura. Aunque suene raro, es una locura que me hace sentir en paz, más libre y en armonía. Una locura que me ha ayudado a despertar y empezar a ver la verdad de la vida.

Sigo siendo Mad Woman, pero no la Mad Woman de la serie, sino la que siempre quise ser.

En la próxima columna quiero contarles más sobre mi experiencia con el Yoga, cómo esta disciplina me ayudó a tomar la decisión de renunciar y los beneficios que he recibido de ella a nivel físico, emocional, mental y espiritual.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Detrás de la imagen

Llamando al agua_ Noli & Provoste

Algo dije antes sobre una nueva sección del blog que irá cada 15 días, pues voila', aquí va. Para mí la idea de este blog es poder hablar y reflexionar un poco el tema de lo que vemos, la imagen. Volarse con el tema en varios de sus sentidos e ir descifrando las raíces históricas que hacen la interpretación y reinterpretación de nuestra evolución a través de la moda, la fotografía, el diseño, la ilustración... todo lo que luego compone y afina nuestros gustos personales, pues bien nadie tendría gustos personales, o decisión sufuciente muchas veces como para imponer el propio, sin desarrollar y equilibrar el gusto por lo estético con un nutrido mundo interior para estar pleno y tranquilo con lo que somos y queremos.
Esta sección trata sobre esta parte del cuerpo, la interna y de como poder fortalecer, entre el stress y la rapidez, nuestro espíritu.

La nueva columnista del blog se llama Ursula Izquierdo. Ursula es Comunicadora social de profesión, trabajó durante 12 años en agencias de publicidad dentro y fuera de Chile y hoy es directora de su propia agencia de eventos y es instructora de yoga infantil.
La publicidad dejó de tener sentido, y fue una profunda depresión post parto la que hizo darle una nueva dirección a su vida, renunciando a su carrera, sus logros y su independencia, para comenzar un nuevo camino que fuera de acuerdo a lo que le daba relajo y plenitud.
Aquí nos va a contar como ese proceso de transformación la está convirtiendo en la persona que quería ser y las herramientas que ha utilizado y sigue utilizando para convertirse en la mejor versión de si misma (interna y externamente).

¿Mad Men o Mad Woman? (Parte I)
Por Ursula Izquierdo

Hoy empezaré por el final. El final de mi carrera en agencias de publicidad que justamente coincide con el inicio de mi nueva vida. Y en esta sección voy a contarles cómo y por qué termina mi carrera.
Trabajé 12 años como redactora y directora creativa en grandes agencias de publicidad dentro y fuera de Chile. Nada podía ser más entretenido y desafiante que llegara un cliente y te pidiera una campaña. Cualquier marca, desde un chicle hasta una compañía de telefonía era un desafío creativo. Así me lo tomaba yo por lo menos. Y empezaba el proceso: pensar, pensar, pensar, pensar, pensar, pensar, pensar…..por horas, días, noches….en la oficina, en bares, en casa, en la ducha….como sea y donde sea…pero algo bueno se me tenía que ocurrir.

Hasta que aparecía esa gran idea! Al fin!!! Era un parto!
Pero aquí no terminaba todo, al contrario, recién comenzaba: había que llevar esa idea a: comerciales de televisión, avisos de prensa, frases de radio, placements, menciones, internet, chapitas, pendones y más challa. Por supuesto que todo esto implicaba producción: castings, filmaciones, sesiones de foto, etc. Suena bien. El problema llegaba cuando te decían que todo esto había que hacerlo en 4 días. Aquí era cuando aparecía la puntadita en el colon y la típica latidita del ojo.

Los primeros años que trabajé en publicidad eran distintos. No se corría tanto y el resultado creativo era más importante que los timings. Algo parecido a lo que sucede en Mad Men. No se si han podido ver esta serie, se las recomiendo! Me encantan sus personajes, son interesantes y reales al mismo tiempo (algo difícil de lograr), las secuencias están muy bien hechas y los diálogos son simples pero contienen una inteligencia sutil que me encanta. La dirección de arte es de lujo. Pero lejos lo mejor de todo es Don Draper, el protagonista.

Mad Men trata sobre la vida dentro de una agencia de publicidad a principios de los años 60 cuando el trabajo en agencia era entretenido, glamoroso y bien pagado. Pero no por eso el protagonista deja de atravesar por los problemas que vender una falsa felicidad conlleva.

Bueno, pero volviendo al paralelo chilensis de Mad Men, acá figuraba yo en las agencias tratando de hacer lo que más me gusta (comunicar) pero a un costo muy alto, completamente convertida en Mad Woman. El estrés, las largas e interminables jornadas dentro de la agencia y la mala alimentación, me fueron enfermando poco a poco.

La próxima columna les cuento lo que empezó a pasar dentro y fuera de mi, por ahora les recomiendo que vean la serie para que entiendan un poco ese mundillo, el que fue mi mundillo durante 12 años.

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