miércoles, 18 de diciembre de 2013

Cuando cerramos los ojos

Por @danischiaffino

Partió una persona que trabajaba en mi antigua pega, joven, con hijos y con toda la vida por delante.

Un accidente cambió su rumbo… estos son los momentos en que nuestras plantas de los pies vuelven a tocar tierra, este es el momento donde nos cuestionamos si estamos aprovechado a concho nuestra vida, si estamos haciendo lo que realmente queremos, si le hemos dicho TE AMO a quien realmente amamos, si estamos dándonos el tiempo para nuestros amigos, nuestros verdaderos amigos…y a miles de cosas que le restamos importancia.

En estas instancias, es cuando realmente nos damos cuenta que no tenemos el tiempo comprado y nuestros seres queridos tampoco.

Ni tú ni yo, sabemos cuándo será nuestro momento de partir. Pero sí tenemos la certeza que nos va a llegar y por lo mismo estamos a tiempo de decir lo que sentimos.

A algunos nos toca vivir y sentir la muerte a temprana edad, en mi caso a los 14 años perdí a una de las personas que más amaba en mi vida. El dolor es inexplicable, no es un dolor especifico, porque abarca todo tu cuerpo, hasta aquellas partes que nunca te habías dado cuenta que tenías, te duelen. Sientes que vas a morir en cualquier minuto y hasta pides morir, porque crees y sientes que no podrás superar ese momento.

Pero se puede, cuesta, pero se puede y se aprende.

Cuesta menos cuando no te quedas con nada dentro. Curiosamente a los 14 años yo ya era una personita sin filtro…por lo que siempre le dije todo, lo abrace cada vez que lo veía, me despedía todos los días cuando me dejaba en el colegio y cual hinchapelotas, lo llamaba todos los días a su oficina cuando llegaba del colegio. El día que partió, sin saberlo, me despedí más de 2 veces, cual más efusiva que la anterior. En su momento de partir, no tenía nada que decirle que él no supiera.

Luego de esa experiencia me di cuenta de que si tenemos voz, tenemos que usarla, decir lo que sentimos, sin miedo a nada. Usar nuestro cuerpo, dar abrazos de verdad, con cariño, apretados, besos apasionados y lágrimas que solo valgan la pena!

Aprender a dejar el orgullo de lado y ceder. Sé que no es fácil, pero también se puede (se los digo yo, que hace poco lo tuve dañado y me lo metí por donde mejor me entraba jajajaja).

Disfrutarnos, dejar de analizarnos, de intentar cambiarnos cosas, de criticarnos constantemente. 

Nosotros mismos somos nuestros peores enemigos, cuando deberíamos ser nuestro mejor aliado.

A veces me arrepiento por decir todo lo que siento, si me patean lo cuento, si lo extraño lo digo, si lo amo se lo hago saber,  si me mando un condoro lo publico. Si me equivoco, pido perdón y si me hacen daño, prefiero olvidar, el rencor no es sano.

Soy intensa, pero no quiero que mañana parta alguien y yo me quede con ganas de algo.

Como muchos dicen, mejor arrepentirnos de lo que hicimos a lo que dejamos de hacer.

Así que ya que estamos entrando a un nuevo año, comencemos a usar lo que nos han dado, brazos, labios, cuerpo, voz, tacto, todoooo.


Que no tengamos que perder a alguien para comenzar a hacerlo. Es tan fácil, simple y gratis!

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