viernes, 7 de junio de 2013

Terminadas de nosotras v/s Terminadas de Ellos

Por @danischiaffino

Siempre he hablado sobre nuestra inteligencia emocional, la cual es un Don, pero muchas veces nos juega en contra.

Hoy hablaré sobre las terminadas.

A veces, somos nosotras las que tomamos la decisión, otras veces son de mutuo acuerdo y otras veces somos pateadas.

Cuando nosotras tomamos la decisión, siempre cuesta darle la noticia al otro... nos da pena el hecho de haber perdido el amor por esa persona que en algún momento fue quien lleno nuestros corazones y protagonizó muchos sueños y fantasías. Antes de dar la noticia, pensamos y pensamos. Estudiamos como hacerlo de una forma tierna, buscamos las palabras precisas, tratamos de ser suaves y poco traumáticas al expresarnos. El “no eres tú soy yo” en verdad sirve.

Al momento de hablar, lo miramos con cariño y le explicamos el porqué. Muchas veces terminamos llorando por pena porque todo se acabó.

Luego viene la bienvenida a la soltería, lo que en un comienzo es raro, no sabemos cómo actuar, ya tenemos olvidado el modo de coquetear y mirar a otro hombre sin culpa. Para que hablar de agarrarse a un X. Una vez que lo logramos hacer es cuando nos graduamos y entramos a la soltería con todas las de la ley. Pero para eso necesitamos tiempo.

Cuando la terminada es de mutuo acuerdo, ambos lloramos. Nos cuestionamos el ¿Por qué?, intentamos reconstruir escenas y ver en qué momento todo empezó a cagar.

A ratos lo echamos de menos y pensamos en tener una que otra recaída, para acostumbrarnos al hecho de estar solas y hacerlo de una forma gradual.

Cuando nos patean, uff ahí sí que somos dramáticas.

Nuestra autoestima sufre de forma considerable, nos cuestionamos si somos atractivas o no. Pensamos en si existe otra mujer, en el cómo será, donde la conoció, que hicimos mal, como podemos recuperarlo y rezamos por tener recaídas y así lograr reenamorarlo.

Nos quedamos días en pijama, llorando con los ojos hinchados, escuchando cuanta canción romántica cebolla encontremos. Si hay alguna canción que acostumbrábamos escuchar con el EX, la ponemos una y otra vez, llorando a moco tendido con hipo incluido.

Luego viene el momento de rabia, como aguantamos al EX!, cuanto le entregamos y el muy pelota no supo apreciar. Seguimos llorando…

Llegan las amigas a escucharte y abrazarte. De ahí vienen los fallidos intentos por salir a agarrarte al que se te cruce para olvidarlo, pero cada vez que nos proponemos esto, no resulta. Al contrario, vamos a la fiesta y estamos psicopateadas, parecemos el exorcista mirando por todos lados para ver si el EX está por ahí. Finalmente nos preocupamos más de mirar y buscar, que de pasarlo bien y olvidar.

Tomamos y como estamos débiles, nos emborrachamos con facilidad, nos baja el amor, la pena y hacemos lo que NO tenemos que hacer… llamar al EX para preguntarle el ¿por quéeee?, ver si lo podemos ir a ver, y decimos cuanta pelotudez se nos ocurra (Caña moral segura).

Si llegamos a conocer a un prospecto de “Clavo”, nos preocupamos de que el EX no esté en el lugar y sus amigos tampoco para que no se entere y no lo pase mal. Siempre sea cual sea la terminada, nunca dejamos de preocuparnos por los sentimientos del otro.

La terminada de ellos...

En cualquiera de los casos, ellos simplemente nos dicen “esto se acabó”. Simple, corta, sin anestesia. 

No nos dan razones, simplemente se acabó.

Nunca más un llamado para saber cómo estamos, nunca más contestan un mensaje que le podemos enviar después de varias piscolas. Menos contestar un llamado (menos mal! Esos llamados son con bastante alcohol).

Vuelven a las pistas en gloria y majestad, carretiando como si el mundo se fuese a acabar. Agarrándose a cuanta pendeja se les cruce y les da lo mismo si estamos o no en la fiesta, total ya es un hombre soltero.

Para ellos dejamos de existir desde el momento del Adiós.

Dan vuelta la página más rápido que lo que se demoran en bajar el primer trago con los amigos.

Por esto, debemos aprender a desprendernos con mayor facilidad del otro. No pensar tanto, no dar jugo y ser más simple. No más dramatismo. Si terminamos, máximo dos días para llorar y listo.

No pensar tanto en lo que él va a sentir, sino en lo que nosotras sentimos.


Y siempre, pero siempre eliminar su número. 

S.O.S: Chicas, las piscolas nos juegan en contra!

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